Por Felisa Strickland, Secretaria de la Junta Directiva de The Arc of California y educadora de padres
En todo el mundo, abril es un momento para reconocer y celebrar las experiencias de las personas con autismo. Desde que diagnosticaron a mi hija Lily, he escuchado muchas conversaciones sobre si debemos decir “conciencia sobre el autismo” o “aceptación del autismo”, y sobre qué símbolos o colores usar.
Como mamá de una hija con autismo y otras discapacidades, no siempre puedo seguir todas esas conversaciones ni participar en ellas. No es que no sean importantes. Respeto que cada persona y familia defienda lo que cree que es mejor para ellos. El autismo es un espectro, y hay muchas experiencias diferentes.
En un mundo ideal, no habría necesidad de debatir. Pero sabemos que el mundo no es perfecto. Aun así, la conciencia puede llevar a la aceptación, y la aceptación puede llevar a la defensa de derechos. Tengo esperanza de que podamos encontrar puntos en común.
No puedo hablar como una persona con autismo, pero sí como una madre que ama, cuida y apoya a su hija. Ser la mamá de Lily ha significado aprender, entender y amar de nuevas maneras todos los días.
Desde el principio noté que había diferencias. Aprendí cómo consolarla, adaptarme y encontrar soluciones. Entendí que este camino sería diferente, pero no menos valioso. Y en todo momento, el amor nos ha guiado hacia la aceptación y la alegría, incluso en los momentos difíciles. Muchas familias pueden sentirse identificadas con esto. Pero lo que hace todo más complicado es que el mundo no siempre está preparado para apoyar todas estas necesidades.
Por eso, la defensa de derechos se vuelve parte de la vida. No solo ayuda a nuestras familias, sino también a otras.
Con la conciencia, avanzamos hacia la aceptación. Aprendemos a valorar las diferencias y a pedir los servicios y apoyos necesarios para construir un mundo más inclusivo.
Este mes, al reconocer el autismo, comprometámonos a crear más conciencia y promover la aceptación. Escuchemos a las personas con autismo, aprendamos más, eduquemos a otros y apoyemos políticas y prácticas que fortalezcan escuelas, trabajos, comunidades y familias inclusivas.
Recordemos que nuestras diferencias nos hacen más fuertes, más compasivos y más unidos. Sigamos trabajando por un mundo donde todos pertenezcamos.






